Entrevista a Cani Fernández, ex presidenta de la CNMC
“Hay que reducir barreras normativas para facilitar la innovación entre las pymes, que son clave para la competitividad europea”
La ex presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), cuyo mandato finalizó el pasado 16 de junio, es una de las juristas españolas más influyentes en derecho de la competencia y en la adaptación del marco regulatorio a la economía digital. Bajo su liderazgo, la CNMC ha defendido que una regulación bien diseñada puede impulsar la productividad y la innovación, siempre que actúe como último recurso y evite crear barreras innecesarias. Su enfoque ha combinado la defensa activa de la competencia con la simplificación normativa, en línea con las prioridades europeas y con el objetivo de facilitar la actividad económica, especialmente para las pymes.
Frente al avance acelerado de la IA, las plataformas digitales y la economía de datos, la CNMC ha defendido bajo su mandato que los reguladores deben comprender primero las dinámicas competitivas antes de intervenir, utilizando todas las herramientas de la política de competencia —incluidas las medidas cautelares— para evitar concentraciones de poder difíciles de revertir. En un contexto global donde Estados Unidos prioriza la litigación y China la intervención directa, Europa busca un equilibrio propio: proteger la innovación sin renunciar a mercados abiertos, competitivos y seguros. La entrevistamos, cuando aún estaba en el ejercicio de su cargo, para conocer una visión clave en el debate sobre productividad y competitividad que impulsa el IPI.
¿En qué medida una regulación bien diseñada puede ser un motor de la productividad y la innovación?
La competencia es el mejor mecanismo para garantizar el bienestar de los consumidores, favorecer el esfuerzo empresarial y asegurar un mayor crecimiento económico. La regulación debe emplearse como último recurso cuando determinados fallos no pueden resolverse mediante las dinámicas del mercado. Un caso de éxito reciente es el de las telecomunicaciones, que prueba cómo una buena regulación, junto con ayudas bien diseñadas y el esfuerzo de los operadores puede lograr, por ejemplo, que España se convierta en uno de los países líderes de la OCDE en conexiones de fibra en banda ancha fija o en portabilidad. Una vez alcanzado un nivel óptimo de competencia, se puede ir prescindiendo de la regulación, como se está haciendo en este sector.
Lo que parece claro es que una regulación mal diseñada y excesiva, por el contrario, repercute en falta de productividad y ausencia de innovación. Así lo indican los informes Draghi y Letta, y en esta senda trabaja Europa y su proceso de simplificación normativa mediante los llamados paquetes “ómnibus”.
A nivel nacional, en la CNMC hemos trabajado día a día para evitar que la regulación introduzca barreras a la competencia y a la actividad económica, impugnando normas y actos administrativos con rango inferior a la ley que restrinjan de forma desproporcionada o innecesaria la competencia o la actividad económica. A su vez, asesoramos a las administraciones públicas, mediante instrumentos como los informes de proyectos normativos, para que se ajusten a los principios de buena regulación.
IA, plataformas digitales, economía de datos: ¿cómo debe posicionarse un regulador ante tecnologías que avanzan más rápido que el marco normativo?
La aplicación de la normativa de competencia es el primer recurso para garantizar el buen funcionamiento del mercado. Y ello implica usar todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición, medidas cautelares incluidas. En la CNMC, hemos considerado que antes de regular, conviene comprender las dinámicas competitivas del sector y contribuimos a ello con el esfuerzo analítico de nuestro departamento de Promoción de la Competencia, actualmente inmerso en estudios como el del sector de servicios en la ‘nube’.
Frente a mercados con una rápida tasa de innovación, plataformas multilaterales, servicios gratuitos…, la tarea de una autoridad de competencia no es sencilla, y siempre puede existir el riesgo de extralimitarse, de frenar la innovación o de intervenir donde los mercados podrían autocorregirse. Sin embargo, no debemos subestimar lo lejos que hemos llegado. Ahora comprendemos mucho mejor los modelos de negocio digitales y las características económicas específicas que hacen que estos mercados sean propensos a decantarse hacia la concentración excesiva de poder de mercado: efectos de red, acumulación de datos o sesgos de comportamiento, entre otros.
No obstante, hace unos años, en Europa se llegó al consenso de que la política de competencia no era suficiente para abordar todos los retos que planteaban las plataformas digitales. Y esa es la razón principal de normativas como el Reglamento de Mercados Digitales (o DMA, por sus siglas en inglés), de aplicación complementaria a la normativa de competencia.

¿Es Europa demasiado regulatoria en comparación con EE. UU. o China? ¿Paga un precio en innovación?
En EE. UU., más que en regular, las autoridades suelen centrarse en sancionar a aquellas empresas que hayan incumplido la normativa, así como en la litigación compensatoria de daños. En Europa, tendemos a considerar que, en sectores como el tecnológico, que avanza muy rápidamente, conviene complementar esa actuación ex post con una regulación ex ante que evite daños al mercado de imposible o muy difícil reparación o reversión.
Más allá de estos sectores, de las empresas europeas y emplean a más de 85 millones de ciudadanos, y que son núcleo de la innovación y del espíritu emprendedor y, por tanto, fundamentales para la competitividad de Europa. Hacerles la vida más fácil es una prioridad para la CNMC. Prueba de ello es la reciente publicación de un estudio sobre barreras a la creación y al crecimiento de las pymes y a su participación en la contratación pública, que analiza los principales obstáculos a los que se enfrentan y propone soluciones para combatirlos
